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Iglesia Arciprestal de Santa María La Mayor de Morella
Cuando recorremos el interesante patrimonio monumental de la Comunidad Valenciana nos damos cuenta de que existen muchos rincones que todavía están por conocer, por su singularidad y su belleza artística, a veces indescriptible. En Morella nos encontramos con unos de los ejemplos del gótico levantino más señeros de los que existen en toda la región valenciana: la Iglesia Arciprestal de Santa María La Mayor.
Morella constituye el auténtico icono arquitectónico del antiguo Reino de Valencia. Se alza majestuosa en pleno corazón de la zona castellonense del Maestrazgo -ya que parte de esta zona se halla en la Comunidad Valenciana y parte en la de Aragón-. Su aspecto nos hace viajar, sin gran esfuerzo, a los tiempos del rey don Jaime I o incluso del Mío Cid. Sus habitantes y autoridades han querido conservar, en la medida de lo posible, su especial fisonomía medieval, de forma que la atmósfera que envuelve al viajero desde que entra por el pórtico de acceso hasta que se va, resulta mágica, evocadora y extremadamente cautivadora. Quien va a Morella, vuelve más tarde o más temprano. Morella posee muchos y variados tesoros arquitectónicos. El más visible, sus murallas y su castillo. Otros hay que buscarlos con más detalle.

La Iglesia Arciprestal de Santa María la Mayor, por ejemplo, fue levantada sobre las ruinas de una antigua mezquita musulmana. Los repobladores de Morella que ganaron la villa a los musulmanes aprovecharon que esta mezquita estaba en pie para su uso litúrgico cuando corría el siglo XIII. Se dice que el mismo Jaime I tomó la decisión de levantar esta iglesia para poder celebrar los cultos cristianos. Esto, unido al aumento de la feligresía, obligó a realizar una modificación de la estructura de la misma y la puesta en práctica de nuevas obras de remodelación con la intención de adecuarla a sus nuevos usos cristianos. El templo que se iba levantando iba acogiendo progresivamente a un mayor número de fieles hasta que el monarca Pedro IV puso por fin la última piedra, en el año 1343. Dos siglos más tarde, el Obispo de Tortosa, Gaspar Punter, consagró oficialmente la Arciprestal.

Su aspecto exterior es grandioso pues cuenta con dos bellas portadas que según la tradición oral fueron realizadas por un padre y su hijo en fuerte competencia. La puerta de la derecha recibe el nombre de Puerta de los Apóstoles y su realización ha sido motivo de controversia entre los historiadores del arte pues en ella algunos creen ver la intervención de dos maestros mientras que otros piensan que es obra de una sola mano. Es una obra posible del siglo XIV. En el estudio de esta portada sobresale la Virgen con el Niño que domina la parte central realizada al más puro estilo gótico. Esta imagen está rodeada de las insignes figuras de los Apóstoles. Corona el conjunto la representación de la Coronación de la Virgen que se muestra exultante en el tímpano. Completan esta bella portada la decoración mudéjar, el ventanal gótico y el rosetón. La siguiente portada es la denominada de las Vírgenes que se inserta bajo un gran arco apuntado que muestra un elegante rosetón hacia el exterior. Esta portada es posterior, concretamente del siglo XV y presenta bellas arquivoltas típicamente góticas que están profusamente decoradas y un tímpano calado con tres pequeños rosetones y una figura de Santa Ursula, cuya imagen preside la escena compuesta de varias vírgenes que dan su nombre a esta majestuosa portada. Las proporciones de la iglesia en su aspecto exterior sorprenden porque no se ajustan a los cánones propios del gótico que se está dando en estos momentos. Algunos se atreven a afirmar que su exterior se encuentra tratado con excesiva horizontalidad. El aspecto guerrero y militar de la villa a lo largo de su historia siempre ha dejado ver sus garras. Una consecuencia de ello fue el desmochamiento de la gran torre campanario que albergaba la iglesia de Santa María para no estorbar a la artillería del mismo castillo morellano.

La iglesia tiene planta de salón y se distribuye a lo largo y ancho de tres grandes naves cubiertas por esbeltas bóvedas cuatripartitas. Dispone de tres ábsides poligonales, el central de mayores dimensiones, que contribuyen a dotar al templo de ese aspecto monumental y grandioso que le caracteriza. Su interior no tiene nada que envidiar a su exterior. Los sólidos pilares nos evocan épocas pretéritas y nos recuerdan el pasado glorioso de un románico que todavía lucha por sobrevivir. Por su parte, el ábside central de la iglesia se conjuga perfectamente con el imponente retablo barroco, realizado en el siglo XVII; retablo que muestra interesantes pinturas realizadas por Pablo Pontons, posible disícpulo de Orrente y Jacinto Jerónimo Espinosa, llamado el Zurbarán valenciano. Este retablo fue cubierto con pan de oro o dorado en el año 1739. Pero, no acaba aquí nuestro recorrido por el interior. Uno no puede por menos que asombrarse al contemplar la majestuosidad de la Capilla de la Virgen de Vallivana, patrona de Morella o cuando se contempla el imperecedero coro que se nos muestra inconmensurable tras un arco rebajado de bella y arriesgada factura. Al contemplar el coro entendemos porque ha sido considerado como una obra única no solo en España sino en el mundo entero. Obra maestra que fue realizada por un morellano de nombre Pere Segarra, entre 1406 y 1425. Es, según los especialistas, una obra maestra de ingeniería. Muestra una esbelta bóveda rebajada sostenida por cuatro columnas laterales sin ningún apoyo central. La escalera está decorada en estuco con motivos del Antiguo y Nuevo Testamento. Los relieves son del siglo XV y fueron realizados por Antonio Sancho y Giusepe Beli. La espléndida sillería del coro es una obra del siglo XVIII, según trazas de Vicente Dolz y el majestuoso órgano, obra de Torull en 1720 que se encuentra junto a éste. Entre los numerosos avatares que han ocurrido entre sus muros se dice que desde su púlpito gótico predicó San Vicente Ferrer. En el trascoro debemos admirar la gran obra del italiano Giusepe Belli que representa al Juicio Final.

Su Museo parroquial alberga interesantes objetos litúrgicos y valiosas obras de arte. Entre ellas sobresalen la Cruz Procesional de San Miquel; el Relicario de San Julián; el de San Antonio y el terno de San Vicente Ferrer y el Papa Benedicto XIII usaron en las celebraciones que tuvieron lugar en el histórico tratado que lleva por nombre Compromiso de Caspe de 1414. Entre los cuadros que se pueden contemplar sobresale la Madonna de Juan Bautista Salvi, Sassoferrato y un retablo de Valentín Montoliu; las pinturas del siglo XIX realizadas por los Cruella y las tablas góticas de Reixach. Entre los objetos cerámicos sobresalen los platos de cerámica de los siglos XIII, XIV y XVII y varios objetos orfebres realizados por los Santilínea y los Galieri. Su archivo custodia incunables del medievo y otros valiosos documentos que sobrevivieron a las guerras carlistas del siglo XIX y a la Guerra de la Independencia.
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