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Miranda del Castañar, castellana, altiva y secular
El castillo se encuentra emplazado en la zona menos defendida de la villa. El conjunto arquitectónico se sitúa justamente en el punto más débil de la población. Formó parte de una extensa línea defensiva que agrupaba a otros numerosos castillos y fortalezas de toda la región como los de Béjar, Ciudad Rodrigo, San Felices, Ledesma, Sobradillo, Monleón, Alba de Tormes, San Martín del Castañar
En la actualidad, su castillo es uno de los mejores conservados de toda la región, a pesar de que numerosas viviendas particulares han quedado adosados a él. No se sabe si la construcción actual es una reconstrucción de otra fortaleza más antigua, a pesar de la inscripción que delata la fecha de las obras: “ESTA OBRA MANDO/FASER EL CONDE DON PE/DRO ESTUNYGA EN 1 AÑO DE/ MCCCCLI E ACABOSE EN/ EL AÑO DE MCCCCLI”. Esta inscripción está grabada en toscos caracteres góticos emplomados y se inscribe sobre el escudo de armas de la familia Zúñiga. Parece ser que el muro sur y oeste podrían remontarse incluso al momento de la repoblación de la villa, en el siglo XIII.

No es un castillo de planta regular quizá motivado por las irregularidades del propio terreno donde se encuentra emplazado y por la conexión que tuvo el castillo con la cerca de la Villa. Es de planta de trapecio irregular con cubos en las esquinas. Prevalece la función defensiva y funcional frente a la ornamental o decorativa. El castillo está concebido para la defensa de la villa y sus partes constructivas no se deben a un esfuerzo por adquirir una gran belleza ornamental. Carece de vanos propios de otras fortalezas de tipo palaciego.

El muro sur y oeste son de mampostería austera y se cree son anteriores a los restantes que son de sillar irregular con un cubo en el medio. Los primeros han recibido una datación más próxima al momento de la repoblación, 1213 y alcanzan un perímetro de más de 630 metros. Todavía se conservan interesantes ejemplos de esta construcción como las puertas de San Ginés con arco apuntado y la de Nuestra Señora con arco de medio punto.

El castillo presenta numerosas ventanas geminadas en la parte sur. Estas ventanas responden al tipo de construcción no militar ni defensiva y se corresponden con la función de servir de residencia para el descanso a sus moradores. Este lado presenta una distribución que rompe la armonía del conjunto. La esquina tiene un ángulo mayor de 90 grados y muestra dos cubos al exterior que hacia el interior tienen forma de herradura y cuya misión es la de defender la puerta de entrada a las residencias palaciegas.

LA TORRE DEL HOMENAJE
No se encuentra en el centro de la fortificación pues se desplaza hacia el norte con la intención de acercarse al camino de ronda desde el que existía un puente levadizo que permitía el acceso al interior, a la altura de la segunda planta. Sobresale la austeridad y sobriedad de su fábrica, carente por completo de ornamentación. La pobreza de la mampostería y la robustez de la sillería utilizada en las esquinas amplifican su función militar y defensiva. Es un rectángulo que en el interior se dividía en cuatro plantas con suelos de madera. Coincide con el momento constructivo del castillo en el año 1451.
La planta superior de la torre estaba protegida por almenas, hoy desaparecidas. Estas almenas se apoyaban sobre una cornisa volada de matacanes, con garitones rectangulares en las esquinas. El remate de la torre se trasladó a la iglesia parroquial donde quedó como parte integrante de la construcción religiosa. Estos merlones que fueron desgajados de la construcción hubieran permitido una datación más exacta del conjunto defensivo.

LA ERMITA DE NUESTRA SEÑORA DE LA CUESTA
Se encuentra situada en las afueras de la villa, concretamente en su lado oeste y fuera del recinto amurallado de ésta. Está situada próxima a la confluencia de los ríos Francia y San Benito. Su pintoresco emplazamiento es el lugar adecuado para la vida asceta, el recogimiento y la oración. Se llega a ella a través de la antigua puerta con arco de medio punto de Nuestra Señora que sale del castillo de la población y que recibe este nombre justamente por la Virgen de la Cuesta. Desde su emplazamiento se divisa una panorámica impresionante del río Francia y de su sierra.

Como la mayoría de lugares religiosos situados en laderas de montañas y en lugares misteriosamente protegidos, cuenta con su propio relato legendario que según narra la tradición señala la aparición de la Virgen a unas niñas mientras éstas, distraídas recogían moras del rey o fresas salvajes, entre los terrenos arbolados de esta zona. La fecha del suceso se sitúa a mediados del siglo XVI. Sin embargo, sabemos que la imagen de la virgen es mucho más anterior al relato de este suceso.

La entrada principal consta de una puerta con tejadillo de madera a tres vertientes sobre tres columnas de orden jónico realizadas en piedra granítica. La portada es de arco de medio punto y fue realizada con sillares. Destaca la pequeña hornacina sobre la clave de la misma y la cabeza del ángel alado. Pero por encima de todo, se alza imponente la estatua de la Virgen, escultura que sobresale por la sensación de movimiento que proporciona la fina labra de los pliegues de sus paños. Una inscripción bajo ella dice “ESTA OBRA SE HIZO SIENDO… ….AÑO 157?, el resto no se puede leer.

En el mes de septiembre, se celebra la festividad en honor de la Virgen de la Cuesta. En la madrugada de la festividad se transporta a la imagen de la Virgen en santa procesión hasta la iglesia del pueblo. El paso se realiza a través de la puerta que lleva su nombre y es acompañada durante el trayecto por danzantes, ramajeras, el tamborilero y el llamado Bobo de la danza. La oscuridad de la noche se rompe con el dulce iluminar de los faroles. La fiesta culmina con los tradicionales toros y verbenas. A esta romería acuden peregrinos de toda la comarca.

NÚCLEO HISTÓRICO, MURALLA Y DEFENSAS
Si nos paramos a contemplar la población desde la carretera de La Alberca podremos admirar una magnífica panorámica de la villa. Nos sorprenderá que en esta perspectiva lo que más resalte sea la ermita de Nuestra Señora de la Cuesta, separada y alejada del recinto amurallado y que sólo la conocida puerta de Nuestra Señora sobresalga por encima de las construcciones de la misma. Desde este punto, ni se ve la Torre de las Campanas, ni se adivina el Castillo y es que la amenazadora situación de la población desde el espolón de poniente que domina el valle, nos hace comprender como los que pretendieron controlar la villa en épocas pasadas no tuvieron más remedio que atacar por su lado oriental; lugar por otra parte natural de acceso a su interior y donde se encuentran la mayor parte de sus construcciones de defensa.

LA MURALLA
Se ha dicho que la estructura de la muralla y sus cuatro puertas fueron realizadas durante los siglos XIV y XV. No obstante, los especialistas coinciden en apuntar que existió un recinto amurallado de época anterior que sirvió de base al recinto actual. En la actualidad ha perdido la parte superior almenada y algunos fragmentos han quedado incorporados al paisaje urbano de la población consecuencia del crecimiento de la misma. La parte norte comprendía entre la Puerta de San Ginés y la puerta de la villa y a pesar de que no conserva su parte almenada deja entrever la imponente estatura que debió presentar en su día. Al sur de la muralla quedan restos de los merlones, justo en la unión del castillo con la misma.

La muralla se extiende sobre un perímetro de más de 630 metros sin contar el castillo. Es de planta oval con su eje mayor orientado en dirección Noroeste-Sureste. En el lado este se encuentra situado su Castillo, único acceso natural viable. La población aparece rodeada por sus lienzos y cuatro de sus puertas sirven de nexo de unión con el exterior. La más hermosa de todas es la de San Ginés que ha perdido su coronación pero conserva los tres escudos picados de los Avellaneda, Aza y Zúñiga. La más imponente de todas es la de la villa que se sitúa en el lado norte y conserva todavía su arco apuntado.

Las restantes también conservan su arco apuntado y reciben el nombre de la puerta de Nuestra Señora en el lado occidental y la del Postigo en el lado sur. La muralla está exenta al exterior y en algunas calles el muro ha servido de apoyo a algunas casas particulares. Si seguimos el recorrido amurallado no debemos dejar de admirar la solución dada al trayecto del camino de ronda, por la belleza y singularidad de sus pasarelas.

LA PLAZA DE LA IGLESIA
Es el primitivo núcleo histórico de la ciudad medieval. De ellas salen las calles principales de la villa. Conserva un pequeño mercado de aquella importante época de la historia de la villa de Miranda. Esta plaza fue antiguo cementerio municipal y su actual empedrado fue realizado en el primer cuarto del siglo XIX, por José Miranda. Albergaba el antiguo Ayuntamiento del que actualmente no quedan restos pues fue arrasado durante la Guerra de la Independencia.

LA TORRE DE LAS CAMPANAS
Esta magnífica, esbelta e imponente torre no se encuentra adosada a la parroquia de la villa como parece desprenderse de su contemplación desde la lejanía y se levanta en la parte más elevada de la misma. Fue construida a principios del siglo XVII y sufragada por los propios habitantes de la villa. Disponía de cuatro campanas grandes y dos pequeñas aunque las actuales son mucho más modernas. Está realizada mediante sillares de fina labra. Intervinieron numerosos maestros canteros, entre ellos destacaron Alonso Rodríguez, maestro cantero natural de Ciudad Rodrigo, Pedro Gutiérrez, vecino de Salamanca y Miguel de Hontiveros. La torre es de granito gris y está dividida en tres cuerpos diferenciados. Dispone de vanos rectangulares menores en sus cuatro caras y otros elementos decorativos propios del siglo XVII. El cuerpo superior en el que se asientan las campanas dispone de dos vanos simétricos con arcos de medio punto en varias de sus caras.
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