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El Real Monasterio de Santa María de Cañas
El monasterio de Santa María de Cañas se alza imponente en medio del valle riojano del mismo nombre. La iglesia monacal presenta una luminosidad difícilmente comparable con el resto de templos vecinos, de donde le viene el sobrenombre de Claraval de La Rioja. Su luminosidad, armonía, austeridad y sobriedad de formas le otorgan ese carácter sereno propio de los monasterios cistercienses. La abundancia de ventanas en torno a su gran nave central le permiten gozar de esa luminosidad casi sobrenatural que desprende. La mitad de ellos se abren en la cabecera de cinco paños del ábside central. Dos pisos de ventanas otorgan esa potente luminosidad al interior y le dotan de ese carácter místico que la envuelve.
Se dice que el rey Alfonso X el Sabio visitaba este monasterio en numerosas ocasiones y, en señal de agradecimiento, le otorgó numerosos privilegios y beneficios. En el año 1270 las monjas consiguieron la libre disposición de todos sus bienes tanto los propios como los procedentes de heredades y donativos. Poco después, el rey sabio otorgó una nueva carta de privilegio “las yeguas, vacas, ovejas, puercos y todos los otros ganados del Monasterio de Cañas anduviesen salvos y seguros por todas las partes de su reino, y paciesen las hierbas, y bebiesen las aguas, así como los mismos ganados del rey, pero no haciendo daño en viñas, en mieses, en huertos ni en prados vedados; y mandando igualmente que los pastores del Monasterio puedan cortar leña y rama para cocer su pan y puedan sacar corteza para curtir su calzado, pero que no corten árbol por el pie, si no fuere para hacer puente”. Desde entonces hasta bien entrado el siglo XVI, el monasterio de Santa María gozó de prestigio y renombre en toda La Rioja.

La traza inicial fue románica del siglo XII, justo en el momento de la fundación del monasterio en el año 1170. Esta iglesia no se concluyó y poco después se levantó la iglesia gótica actual.

LA PLANTA
Es un templo gótico y está orientada al este como todos los templos cristianos. En un principio se proyectó la construcción de una iglesia de tres naves pero la falta de fondos obligó a cerrar la nave central con crucería de terceletes. Tiene cabecera de cinco paños en el ábside central. Los ábsides son semicirculares en planta y se convierten en poligonales de cinco paños a partir de la imposta que marca el arranque de las ventanas. La cubierta es una gran bóveda de crucería que descansa sobre pilares semicirculares que aparecen coronados por capiteles adornados con motivos vegetales.

LAS OBRAS
Existen tres momentos constructivos claramente diferenciados. La primera etapa se desarrolla en el siglo XII y se corresponde con un proyecto románico no concluido como refleja el basamento circular de los ábsides y gran parte de los muros laterales del presbiterio. La segunda etapa se desarrollaría a mediados del siglo XIII y abarcaría la realización de los ventanales del prime piso del ábside central, los ábsides laterales y parte del crucero. Es el momento álgido en la introducción de elementos góticos en su arquitectura. Según inscripción latina desaparecida “En la era de mil doscientos setenta y cuatro, que es el año de la Encarnación del Señor de 1236, fue edificado este monasterio por la condesa doña Urraca, en honor de Santa María de Cañas, y en ese mismo año fue tomada Córdoba”. La tercera etapa se realizó a finales del siglo XIII y principios del XIV. En este momento se realizaron las cubiertas de la cabecera, presbiterio y crucero además del segundo piso de ventanales de la cabecera. La nave central se cerraba en el siglo XVI y las laterales se quedaban sin construir.

REFORMAS
En el siglo XVI se cerró la cubierta de la nave central con bóveda de crucería de terceletes a cargo de Juan Sánchez con un estilo muy próximo al denominado de los Reyes Católicos que en ese momento estaba en auge en Castilla. En el siglo actual se han realizado obras de pavimentación y restauración de las tracerías de las ventanas y se han eliminado barreras arquitectónicas con la intención de ensanchar el conjunto monacal.

EL RETABLO MAYOR
Recibe el nombre de retablo de la devoción mariana. La Virgen aparece representada en once ocasiones. Es un bello ejemplar renacentista riojano. Está distribuido a modo de tríptico y por ello se dispone en siete calles verticales y tres pisos horizontales. Cuenta con banco y ático. La imaginería se alterna armónicamente con la pintura. Se realizó a instancias de Leonor de Osorio en el siglo XVI y su autoría se atribuye a Guillén de Holanda que por esas fechas residía en el monasterio en colaboración con el pintor Andrés de Melgar. Componen el retablo veinticuatro columnas, treinta pilastras, tres frisos, ático con Calvario, banco y casi un centenar de ángeles. Los lienzos de sus calles laterales ilustran escenas de la vida de la Virgen tales como la Dormición, el abrazo de San Joaquín y Santa Ana, la Anunciación, la Natividad, Huida a Egipto, Visitación y otras tablas muestran escenas de diferentes santos com o San Roque, San Gregorio, San Bernardo, etc.

EL CORO
Es uno de los elementos fundamentales en la vida eremítica de un monasterio y sobre todo de la orden del Cister. En ella se desarrollan numerosos actos litúrgicos y de oración de las monjas cistercienses. Cuenta con una extraordinaria sillería realizada en el siglo XVIII y XIX en estilo neoclásico. También podemos admirar un facistol rodante con algún libro de época y varias sillas del siglo XVI. Custodia el coro varios sepulcros de las abadesas de Cañas. Cuenta con el altar de las reliquias concebido como armario y pequeño retablo, con zócalo, friso y escenas decorativas del siglo XVI. En este altar se guarda una cruz de bronce dorado del siglo XVII y otros objetos litúrgicos de gran valor estético y material.

RETABLO DE SAN JUAN BAUTISTA
Dispone de banco, cuerpo y ático. Es una obra de estilo clasicista realizada por Pedro Ruiz de Salazar en 1643. Según inscripción en cartela su donante fue Juana Manrique de Lara “Este retablo dedicó a señor San Juan Bautis/ta la señora doña Juana Manrique de Lara /monja deste real monesterio en mem/oria del señor don Juan Manrique de Lara su/padre cuyo cuerpo yace aquí, año de 1643”. El lienzo central se dedica a San Juan Baustista y mide más de dos metros por metro y medio de alto. En el ático sobresale el lienzo de la Visitación del mismo autor al igual que las pinturas del zócalo que representan la Resurrecció, la Natividad y la Degollación, en estilo tenebrista.

RETABLO DE LA INMACULADA
Se encuentra situado frente al anterior y su donante fue Constanza de Guzmán, abadesa del monasterio en cuatro momentos diferentes del siglo XVII. Destacan las pinturas de la Natividad y de la Anunciación. El lienzo principal se dedica a la Inmaculada Concepción y mide más de dos metros por uno y medio de alto. En el ático destaca la Coronación de la Virgen. Se dice que estas obras son un claro exponente de la pintura riojana del siglo XVII.

RETABLO DE SAN JOSÉ
Se encuentra en el tramo que antecede al ábside de la epístola. Dispone de un cuerpo y ático con columnas corintias pareadas. Es un retablo barroco del siglo XVII. Destacan las tablas menores dedicadas a Santa Catalina, Visitación, Adoración, Santo Domingo de Silos y Santa Bárbara en el banco. La imagen de San José se realizó en el siglo XVIII y anteriormente estaba situada en el retablo mayor.

RETABLO DE SAN BERNARDO Y SAN BENITO
Fue realizado a inicios del siglo XVII. En los laterales sobresalen las pinturas alusivas a Santa Agueda y Santa Apolonia. Su donante fue Magdalena Manso de Zúñiga, abadesa en 1626. Junto a este retablo se dispone otro en honor a San Benito, imagen barroca del siglo XVIII. Destacan las tablas de San José con el Niño y el Bautismo de Cristo, del siglo XVI.

SALA CAPITULAR
Fue realizada en estilo gótico del siglo XIII. Se encuentra situada en el ala este del claustro. Su portada de acceso merece una especial contemplación. Esta portada está flanqueada por dos ventanales de triple arquivolta de perfil semicircular, sobre columnas que muestran capiteles con decoración vegetal y geométrica. Esta portada de triple arco está decorada tanto al interior de la Sala Capitular como al exterior del claustro repitiendo la estructura y decoración con total fidelidad. En su interior sobresale el monolito octogonal con desarrollo cilíndrico liso y el capitel de cardinas que se inserta en el centro de la estancia y que se abre como una gran palmera que reparte sus brazos y ramas hacia los cuatro tramos de crucería, símbolo de la grandeza y firmeza de Dios.

EL CLAUSTRO
La portada de acceso es de cuádruple arquivolta apuntada sobre columnas con capiteles escasamente decorados.

EL SEPULCRO DE DOÑA URRACA
En la Sala Capitular se encuentra una de las joyas más interesantes del arte funerario gótico español, el sepulcro de doña Urraca López de Haro. Es una obra del siglo XIII que salió de la mano de Ruy Martínez de la Bureba. Es exento y tiene dos piezas, caja y tapa. La caja es rectangular y se apoya sobre tres parejas de ménsulas labradas que representan lobos lo que alude al escudo de los López de Haro. Sobresalen las escenas de las cuatro tapas del sarcófago que aluden a escenas de la vida de la beata fundadora. Destaca también la majestuosa y colosal estatua en estado yacente de la Beata.

Junto al sepulcro de doña Urraca Lopez de Haro se disponen varias laudas sepulcrales, dos a su derecha y dos a su lado izquierdo que se correponden con otras abadesas del templo. Una de ellas podría pertenecer o a doña Aldonza o a Teresa Ibáñez, ambas abadesas del siglo XIII. Otra lauda pertence a doña Teresa Martínez de Leiba y Velasco según muestra la inscripción; una tercera es la de Juana López, abadesa en el siglo XIV y la cuarta pertenece a Urraca López González, abadesa en el siglo XIII.
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