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Peñafiel, de castillos y caldos
Emprendamos camino desde la capital pucelana -para los profanos, nos referimos a Valladolid- y a unos 56 kilómetros nos tropezaremos, casi sin quererlo, con la hermosa villa de Peñafiel, que se alza orgullosa luciendo los vestigios medievales que, como huella imperecedera de otros tiempos, hablan con voz queda de un pasado lleno de esplendor y gloria.
La villa de Peñafiel es el centro de la comarca vallisoletana a la que da nombre. Se encuentra emplazada a 56 kilómetros de la capital vallisoletana. En su término municipal se han encontrado restos de antiguos poblamientos pertenecientes a la prehistoria del hombre. Durante la Edad Media Peñafiel alcanzó un gran esplendor y desarrollo. La villa medieval se convirtió en un punto estratégico clave en la lucha contra los musulmanes por su posición junto al Duero. En el año 943 se segregó una comunidad del denominado castillo de Penna Fidele y de Sacramenia. Posteriormente pasó al Condado de Castilla y poco después a Sancho Garcés que convirtió su castillo en un importante puesto fronterizo. En la villa nació el insigne D. Carlos, príncipe de Viana. En el siglo XV pasó a propiedad de la Orden de Calatrava, concretamente al Conde de Ureña, Pedro Girón, que lo cedió a sus hijos permaneciendo bajo la familia de los duques de Osuna y marqueses de Peñafiel hasta bien entrado el siglo XIX.

El castillo de Peñafiel es considerado como uno de los más bellos ejemplares de toda la provincia y una de las mejores fortificaciones del medievo de los llamados castillos roqueros de Castilla y León. Está emplazado en lo alto de un cerro adaptado a la estructura del terreno. Está construido en estilo ojival germánico y presenta unas dimensiones extraordinarias con más de 205 metros de largo por 20 de ancho. Su posición le otorga un aspecto muy peculiar. Algunos señalan que incluso se parece a un barco anclado en medio de la gran meseta castellana. Los especialistas señalan que todavía existen restos de la primitiva fortificación, allá por el siglo X. Fue reformado a principios del siglo XI y más tarde restaurado por D. Juan Manuel. Durante el reinado de Juan II de Castilla en el siglo XV fue de nuevo reformado. Su Torre del Homenaje es de planta cuadrada, tiene 34 metros de altura y consta de tres plantas. Está flanqueado por dos patios que custodian las caballerizas y guarniciones al sur. Al norte se encuentran los almacenes y el algibe. Fue declarado Monumento Nacional en 1917. Es posible que albergue en un futuro no muy lejano el Museo del Vino de Valladolid.

Entre los edificios religiosos más emblemáticos se encuentra la iglesia de San Miguel construida a finales del siglo XVI en estilo renacentista. Dispone de una esbelta torre de tres cuerpos reformada en el siglo XVIII. Su interior está dividido en tres naves. Cuenta con un crucero y cúpula que descansa sobre pechinas. Conserva la antigua cabecera románica con restos de pinturas murales de esa misma época. El retablo del presbiterio es barroco y fue realizado por Tomás Ruiz en 1729. Custodia otro retablo procedente de la destruida iglesia del Salvador, con obras escultóricas de traza manierista realizada posiblemente por algún discípulo del insigne artista Juan de Juni. Entre las obras de arte que custodia se encuentra un Cristo gótico del siglo XIII y una Santa Teresa del siglo XVI. Otra gran iglesia es la de Santa María construida a finales del siglo XIV y reformada en el siglo XVI. Dispone de tres naves cubiertas con bóvedas de crucería. Su torre es del siglo XVII. En su interior sobresale el retablo plateresco y el del altar mayor realizado en estilo barroco. En el coro se puede admirar el bello pretil de estilo renacentista. Cuenta Peñafiel con dos bellos conventos, el de San Pablo fundado por D. Juan Manuel para servir de albergue a los dominicos en el siglo XIV y cuyas obras no finalizaron hasta pasados dos siglos más. Su iglesia es un extraordinario ejemplo de templo gótico-mudéjar de tres naves. El segundo es el de Santa Clara fundado por Dña. Isabel de la Cueva en 1617. Es de planta octogonal y de estilo barroco. Conserva una extraordinaria cúpula adornada con yeserías y pinturas. Su capilla mayor conserva un retablo del siglo XVIII. Todavía se conserva la llamada Torre del Reloj, parte integrante de la desaparecida iglesia de San Esteban del siglo XI. En el siglo pasado se colocó en ella el Reloj de la Villa, de donde recibe el nombre.

Conserva la villa el barrio de la judería con su típico trazado medieval. En la plaza del Coso se realizan importantes festejos taurinos desde la Edad Media. Es de planta rectangular y tiene una extensión de más de 3.500 metros cuadrados. Es el vestigio medieval propio de las antiguas plazas dedicadas a la lidia de toros bravos y en torno a ella se articula el trazado urbano de la villa. Fue reformada en el siglo XVIII. Destacan los arabescos de sus balcones de madera. Entre los festejos más destacados de la villa sobresalen los carnavales y la semana santa. Otro gran festejo de la villa es el Domingo de Resurrección tras una larga semana de procesiones de Semana Santa. En la plaza del Coso también se realiza la tradicional Bajada del Ángel que representa el momento en el que un ángel-niño quita el manto de luto a la Virgen. En el mes de agosto se realizan importantes encierros y capeas en honor de Nuestra Señora de San Roque. En la celebración sobresale el famoso pasacalles del Chúndara.

Esta villa es conocida por su muy cuidada gastronomía. El plato típico es el lechazo asado regado por los deliciosos caldos del Duero. Entre los productos de la zona destaca el famoso queso de oveja Flor de Esgueva que se elabora en esta población castellana.
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